Futuro azul con una energía renovable de gran caudal

El petróleo y el carbón contribuyen al calentamiento global y además es inevitable su agotamiento. La energía osmótica es una gran candidata como energía renovable a terminar con nuestra dependencia de las energías no renovables.


Al contrario que otras energías renovables, como la solar o la eólica, la energía osmótica no se vería afectada por fluctuaciones climáticas y produciría electricidad de forma continua y predecible.


La energía osmótica es la energía obtenida por la diferencia en la concentración de la sal entre el agua de mar y el agua de río. Esta fuente de energía renovable presenta un gran potencial en regiones con ríos caudalosos: En los Países Bajos, por ejemplo, más de 3300 m³ de agua dulce por segundo desembocan en el mar como promedio. El potencial energético es por lo tanto de 3300 MW, suponiendo 1 MW/m³ de agua fresca por segundo.



En los años 50, el científico norteamericano Sidney Loeb (1917–2008) en compañía de su colega Srinivasa Sourirajan desarrollaron un nuevo procedimiento de obtención de agua potable por efecto de la ósmosis, empleando para ello una membrana sintética, agua de mar y altas presiones. Unos 15 años más tarde, Loeb se planteó el realizar un experimento similar utilizando un tanque con dos cámaras separadas por una membrana especial semipermeable. Al estar una de las cámaras llena de agua salada y la otra llena de agua dulce, el agua dulce comenzaba a colarse en el agua salada produciendo un aumento de presión.

El aumento de altura del agua en el tanque pensó que podía resultar útil para generar electricidad si la usaba para mover una turbina, de manera que Loeb patentó el proceso y lo denominó presión retardada por ósmosis (PRO).

No ha sido hasta a partir de 1997, cuando la tecnología de membranas estaba más avanzada, nuevos científicos decidieron dar un impulso a la obtención de electricidad por este medio.

Así es como llegamos a la actualidad, donde existen dos líneas de investigación, una basada en la tecnología patentada por Loeb, y otra basada en el llamado efecto de electrodiálisis inversa (EDI). Las plantas de energía osmótica pueden construirse en cualquier sitio en el que haya una corriente de agua dulce fluyendo al mar, siempre que la concentración de sales sea suficientemente alta. De hecho, la mayoría de las desembocaduras de ríos del mundo serían localizaciones potenciales, incluso aunque unos ríos necesiten un mayor acondicionamiento del agua que otros.

Una planta prototipo funciona desde el año 2009 en Tofte (Noruega), desarrollada por Statkraft, demostrando el potencial de esta fuente de energía renovable. La membrana utilizada es polimérica y se dispone enrollada en cilindros metálicos a presión. El resto de equipamiento se puede resumir en tuberías, válvulas y bombas para conducir el agua, una turbina Pelton para generar electricidad, intercambiadores de presión y sistemas de purificación del agua y de limpieza de las membranas. Junto a esta planta, hay dos plantas más pequeñas que se utilizan para probar las nuevas membranas y diseños de pilas. Además de otra planta para probar los métodos de limpieza de agua con el fin de reducir la obstrucción de las membranas.

Una planta de energía azul puede abastecer a unos 10.000 hogares, pero para ello, se necesitan 5 millones de metros cuadrados de membrana que se montarán en espiral. Si el prototipo en Tofte da buenos resultados, Stakraft tiene previsto construir una planta comercial para 2015.

Noruega podría generar, gracias a sus abundantes ríos, el 10% de su producción energética total mediante energía azul.


En los Países Bajos esta energía tiene un gran futuro. La empresa REDstack ha solicitado la información necesaria para construir una planta de energía azul en Afsluitdijk (Breezandijk).


Recientemente un equipo de físicos del Instituto Lumière Matière de Lyon, en colaboración con el Instituto Néel (CNRS), han desarrollado un dispositivo experimental que aseguran es mil veces más eficiente que cualquier sistema anterior, con lo que mejora significativamente la viabilidad comercial de la energía osmótica como fuente de electricidad.

Estamos hablando de una energía que es estable produciendo electricidad, muy diferente de la intermitencia y necesidad de almacenamiento que exigen la solar fotovoltaica y la eólica. Teniendo en cuenta los estudios realizados, se calcula que para 2030 se podría producir entre 1600 y 1700 teravatios de potencia eléctrica al año, lo equivalente a la mitad de la demanda europea. Una excelente noticia para el planeta.

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