La casa Jumanji


Los secretos de esta casa se ocultan bajo el sol, la fortuna de la familia no está en su dinero, sino en el tiempo y el ahorro. Conoce qué hay detrás de la casa Jumanji


Si las hojas de las seis plantas de la fortuna que fueron sembradas en este jardín fueran billetes, sus dueños serían millonarios. Los García Charles, contadores y propietarios de esta casa, plantaron unas raíces en forma de moneda que auguran dinero.


En poco tiempo los tallos de esta planta crecieron hacia arriba y se expandieron por paredes, techos y formaron una cortina natural que dejaba poco o nada de espacio para la entrada de luz. Los dueños no supieron cuándo unos estudiantes de secundaria llamaron a este lugar la casa Jumanji.


Los García Charles dejaron de podar los tallos que se asomaban al jardín de los vecinos. El tiempo se les iba en manejar las cuentas de sus clientes en el despacho, dividido del resto de la casa por una puerta. .


¡Qué paradoja!. Mientras las plantas del dinero abrazaron esta casa de la colonia El Roble en San Nicolás, la contabilidad familiar tambaleó. El verano pasado un recibo cobró miles de pesos por el consumo de luz y el gobierno retiró el subsidio eléctrico que daba por temporada.


Dicen que cada problema acarrea su consejo. Un amigo de los García Charles que recibe la factura de la luz en ceros y se dedica a la instalación de paneles les habló de unas celdas que convierten la luz solar en energía eléctrica. Les advirtió que sería una inversión gorda pero recuperable en cinco años, y con el beneficio de que no pagarían luz en más de 25 años.


Los contadores no titubearon en desembolsar 150 mil pesos por la instalación de una docena de celdas solares, aunque por las dimensiones y niveles del consumo de luz, era recomendable colocar una veintena de paneles, casi lo máximo para una casa.


Los resultados en el cobro de las facturas fueron inmediatos. De pagar 18 mil bajaron de súbito a 10, 8, 6, hasta 3 mil pesos en temporada decembrina.


Para trabajar en esta oficina se necesitan ocho computadoras de escritorio donde almacenan la información de activos y pasivos empresariales, una impresora, el teléfono inalámbrico para responder llamadas a los clientes, un minisplit de dos toneladas que refresca el ambiente y un despachador eléctrico que reparte agua en diferentes temperaturas.


Maricela Charles, la dueña de la casa, tiene una regla para la administración. Dice que no es necesario ganar mucho dinero para vivir bien porque solo deben bajarse los costos y lo importante es usar la tecnología alternativa para disminuirlos.


Su esposo, Gerardo García, también es firme a la filosofía del ahorro:


—Mucha gente piensa ‘voy a gastar más energía porque tengo los paneles’ y esa no es la finalidad.


En el despacho contable una puerta de madera conduce a la casa Jumanji. Del otro lado se halla el recibidor que lleva a la sala, el comedor y hasta el fondo está la cocina de pared a pared.


Los focos LED (unas bombillas conocidas por su bajo consumo, duraderas y que estilizan la iluminación) alumbran este lugar donde Maricela cocina a diario. El resto de la luz proviene de una ventana sin cortinas que tiene por paisaje una maceta con sábila y cactus, plantas que soportan los 40 grados del verano.


Otras ventanas cubiertas por grandes cristales solo dejan ver un patio trasero donde se hallan cinco perros tirados bajo el sol.

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